Shakespeare, en “Macbeth” escribió: “Dale a la aflicción
palabras, que la pena que no habla susurra al afligido corazón y precipita su quebranto”.
Un niño que no logra comunicarse con sus padres para evidenciarles su necesidad de amor, podrá utilizar, sin darse cuenta, el recurso de enfermarse con frecuencia. Y si tiene éxito en ello, podrá hacerlo gravemente y hasta morir. Una de las fantasías universales en la infancia es imaginar su propia muerte y el efecto que ella provocaría en los seres queridos.
*
Cuando los conquistadores ingleses llegaron a Australia se asombraron al ver unos inmensos ratones que daban saltos formidables. Llamaron a un nativo y lo interrogaron mediante señas.
Escucharon bien y como el indio respondiera "Kan Ghu Ru", adoptaron el vocablo inglés "kangaroo" (canguro).
Los lingüistas determinaron tiempo después que el nativo había querido decir "no le entiendo".
*
“Erase una vez una débil anciana cuyo esposo había fallecido dejándola sola, así que su hijo, su nuera y su nieta la llevaron a vivir con ellos.
Día tras día la vista de la anciana se enturbiaba y su oído empeoraba, y a veces, durante las comidas, las manos le temblaban tanto que se le caían las lentejas de la cuchara y la sopa del tazón.
El hijo y su esposa se molestaban porque ensuciaba los manteles hasta que un día, cuando la anciana volcó un vaso de leche, se hartaron y decidieron terminar con esa situación.
Instalaron una mesita en el rincón cercano al armario de las escobas y hacían comer a la anciana allí. Ella se sentaba a solas, mirando a los demás con ojos humedecidos por las lágrimas. A veces le hablaban mientras comían, pero habitualmente era para regañarla por haber dejado caer un cuenco o un tenedor.
Una noche, antes de la cena, la pequeña jugaba en el suelo con sus bloques, y el padre le preguntó qué estaba construyendo.
-Estoy construyendo una mesita para mamá y para ti –dijo ella sonriendo- para que coman a solas en el rincón cuando yo sea mayor.
Sus padres se miraron por unos instantes. Esa noche devolvieron a la anciana su sitio en la mesa grande” (Hermanos Grimm).
La niña “escuchó” a la anciana. ¿Vos escuchás a tus viejos?.
Extractos de El Prójimo-Pacho O´donnell
martes, 3 de marzo de 2009
lunes, 2 de marzo de 2009
EL COMPROMISO
No asumir responsabilidades o compromisos es cómodo. Queda uno salvado de fracasos o papelones, pero también se pierde los premios.
La falta de compromiso se verifica también en el lenguaje cotidiano. No es lo mismo decir “se perdió” que “lo perdí” o “uno tiene ganas de llorar” que “yo tengo ganas de llorar”. O pluralizar y generalizar: “somos todos corruptos” es claramente diferente a “yo soy un corrupto”, o “a los argentinos no nos importa nada del otro” en vez de “a mi no me importa el prójimo”.
Si nos acostumbráramos a usar la primera persona en singular, uno sería un poco mejor.
Yo sería un poco mejor.
*
Jesucristo, agonizante ya en la cruz, a la hora novena clamó a gran voz:
“-Eloi, Eloi, ¿lama sabactani?”.
Hasta El dudó:
“-Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?”.
Nada hay más terrenal que la vacilación. Quien moría era un hombre, desprotegido de Divinidad.
La falta de compromiso se verifica también en el lenguaje cotidiano. No es lo mismo decir “se perdió” que “lo perdí” o “uno tiene ganas de llorar” que “yo tengo ganas de llorar”. O pluralizar y generalizar: “somos todos corruptos” es claramente diferente a “yo soy un corrupto”, o “a los argentinos no nos importa nada del otro” en vez de “a mi no me importa el prójimo”.
Si nos acostumbráramos a usar la primera persona en singular, uno sería un poco mejor.
Yo sería un poco mejor.
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Jesucristo, agonizante ya en la cruz, a la hora novena clamó a gran voz:
“-Eloi, Eloi, ¿lama sabactani?”.
Hasta El dudó:
“-Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?”.
Nada hay más terrenal que la vacilación. Quien moría era un hombre, desprotegido de Divinidad.
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